La crisis sanitaria, social y económica generada por la COVID-19 podría tener un elevado impacto entre las mujeres, que parten de una peor posición para superar esta nueva crisis

El Instituto de la Mujer, ha publicado un informe en el que analiza el impacto de la crisis generada por el covid-19 sobre las mujeres, con una recopilación de las medias para paliar este impacto puestas en marcha por el Gobierno hasta ahora.

La USO ha analizando dichas medidas y como sindicato independiente reconoce aquellas que son adecuadas y ha hecho crítica constructiva de otras. Este es el caso del subsidio de empleadas de hogar, que afecta fundamentalmente a las mujeres y que llega tarde y con muchas dificultades para su tramitación. O la falta de soluciones concretas para posibilitar la conciliación, sin tener que pasar por reducciones de jornadas o excedencias, que son solicitadas en su mayoría por mujeres.

Impacto sobre la mujer de la crisis de la COVID-19

La crisis provocada por el coronavirus tiene una triple dimensión: sanitaria, social y económica. Esta magnitud requiere un análisis en el que las diferencias del impacto de la COVID-19 en hombres y mujeres se visualicen, y las respuestas sean las adecuadas. En el caso de que se ignoren estas situaciones, habrá consecuencias sociales y económicas que agravarán la desigualdad entre hombres y mujeres.

Cuatro son los factores que señala el informe del Instituto de la Mujer que incrementa el impacto de la crisis del covid-19 sobre las mujeres:

Sobrecarga del trabajo sanitario y de servicios esenciales

Las mujeres representan el 70% del personal sanitario a nivel mundial y son mayoría en sectores del comercio de alimentación y servicios de limpieza hospitalaria y de residencias.

En España las mujeres representan el 51% del personal médico, el 84% de enfermería, el 72% en farmacia, el 82% en psicología y un 84% del personal que trabaja en las residencias de mayores y personas dependientes, donde se han dado las peores cifras de fallecimientos y contagios.

El informe hace referencia a profesionales imprescindibles, mujeres en su amplia mayoría y que están en primera línea de contagio, como limpiadores, dependientas y cajeras. Desde USO continuaremos reclamando medidas de protección y de seguridad para este tipo de puestos.

Por último, merece atención la situación de las empleadas del hogar y cuidadoras, especialmente aquellas que trabajan como cuidadoras internas de personas mayores o dependientes, donde la situación de confinamiento ha hecho que deban permanecer en el hogar en el que trabajan, en ocasiones, sin la protección adecuada y sin posibilidad de volver a sus casas y atender sus propias necesidades.

Centralidad de las tareas de cuidados

Las mujeres siguen realizando la mayor parte del trabajo doméstico y cuidado de personas dependientes, remunerado y no remunerado, asumiendo también una mayor carga mental derivada de la misma. Además, muchas mujeres se ven abocadas a no poder seguir trabajando por tener que hacer frente a las tareas de cuidado, al encontrarse los centros escolares cerrados.

La crisis generada por la COVID-19 tiene además una dimensión social importante en el ámbito privado que, nuevamente, coloca a las mujeres al frente de la respuesta a la enfermedad. Ellas son las que realizan la mayor parte del trabajo doméstico, concretamente, el 70% de las tareas de cuidado. A las dificultades habituales de conciliación y falta de corresponsabilidad, se suman el cierre de los centros educativos, el teletrabajo y el confinamiento de la población en sus domicilios, provocando una sobrecarga de trabajo si no se ponen en marcha mecanismos de corresponsabilidad desde todos los ámbitos; administraciones, empresas y hogares. Especialmente afectadas son las familias monoparentales, de las que 8 de cada 10 están encabezadas por mujeres.

En los próximos meses se deberá analizar si el teletrabajo está afectando de igual manera a hombres y mujeres y si el teletrabajo está suponiendo una nueva trampa para las mujeres con sobrecarga de trabajo.

Las mujeres sufren mayor precariedad y pobreza laboral

La precariedad y pobreza laboral que caracteriza a las mujeres las sitúa en un peor lugar para afrontar esta nueva crisis derivada de la COVID-19. Especialmente complicada es la situación de mujeres jóvenes, con baja cualificación o migrantes, que, además están ocupadas en algunos de los sectores altamente feminizados y más afectados por la pandemia -comercio, turismo y hostelería-.

La tasa de paro entre las mujeres es del 16,24%, mientras que la de los hombres se sitúa en el 12,79%. En el mes de abril las cifras de paro aumentaron para ambos sexos, pero la cifra de mujeres sin empleo sigue siendo mayor. De cada 100 parados registrados en abril, 56 eran mujeres.

Esta situación también está generando, en ocasiones, un aumento de la brecha digital de género, sobre todo en aquellos hogares más vulnerables con dificultades de acceso a internet y a dispositivos electrónicos que impiden el mantenimiento del empleo en un contexto en que el teletrabajo se muestra como una de las pocas vías para ello.

La implementación del teletrabajo debe realizarse aplicando el enfoque de género y atendiendo al principio de corresponsabilidad. Por ello es necesario que las medidas de corresponsabilidad, muchas de ellas negociadas en los planes de igualdad y en convenios colectivos o acuerdos de empresa, se revisen ante las nuevas situaciones que la pandemia está dejando, con personas dependientes en casa, con actividades que no posibilitan el teletrabajo, negociando medias para situaciones especiales, como las familias monoparentales, integradas en su mayoría por mujeres, etc.

En estos momentos la igualdad no puede quedar en un segundo plano y ser siempre la optativa, es obligatoria y necesaria antes y mucho después de la pandemia. Si no la tenemos en cuenta, perderemos todo lo que nos ha costado conseguir en años y años de lucha, y que puede desaparecer de un plumazo, sin que nos demos ni cuenta.

Aumento del riesgo de violencia de género y otros tipos de violencia contra las mujeres durante el confinamiento

El aumento de las llamadas al 016 es uno de los indicadores que han confirmado el aumento de las situaciones de violencia dentro de los hogares, con un aumento en el mes de abril del 60% respecto del mismo mes en 2019.

En contextos de confinamiento como el que se está viviendo actualmente en España y a nivel mundial, las mujeres que sufren violencia de género, las mujeres víctimas de trata y explotación sexual, así como las mujeres prostituidas, constituyen colectivos especialmente vulnerables.

Desde USO defendemos que no debemos permitir que esta crisis de la COVID-19 haga retroceder a las mujeres, porque su retroceso supondrá el retroceso de toda una sociedad en el camino de alcanzar una igualdad real.

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